Cuando una constructora dice que el coste de la partida de albañilería fue 45.000€, ¿qué incluye ese número? ¿Solo los materiales? ¿También las horas del equipo propio? ¿Los desplazamientos? ¿La parte proporcional de los medios auxiliares? ¿El tiempo del jefe de obra dedicado a esa partida?

En la mayoría de los casos, el número incluye lo que es fácil de registrar: facturas de material, facturas de subcontrata. Lo que es difícil de registrar —horas del equipo propio, medios auxiliares, costes indirectos— se queda fuera o se imputa de forma agregada. El resultado es un coste por partida que no refleja la realidad.

Los cuatro componentes del coste real de una partida

Para calcular el coste real de una partida de forma completa, hay que incluir cuatro tipos de coste:

1. Materiales

Es el componente más fácil de registrar porque deja factura o albarán. El error más común es no imputar las mermas y los desperdicios. Si una partida requiere 100m² de solado y se compran 108m² por las mermas de corte, el coste de los 108m² es el coste real de la partida, no el de los 100m².

Otro error frecuente: no incluir el transporte de materiales al precio de la partida. Si el material cuesta 8.000€ y el transporte 400€, el coste de material de la partida es 8.400€.

2. Mano de obra directa

Aquí está el problema más frecuente en constructoras que no tienen sistema de imputación de horas. Las horas del equipo propio que trabaja en una partida específica tienen que imputarse a esa partida. Si un oficial ha dedicado 40 horas a la partida de instalación eléctrica, esas 40 horas —a su coste hora real, incluyendo Seguridad Social— son parte del coste de esa partida.

El coste hora real de un oficial no es su salario bruto dividido entre las horas mensuales. Hay que incluir: salario bruto + cotización empresarial a la Seguridad Social + partes proporcionales de pagas extras + vacaciones + formación. En España, el coste total de un oficial de construcción suele estar entre 1,4 y 1,6 veces su salario bruto.

3. Subcontrataciones

Es el componente más sencillo de imputar: la factura de la subcontrata va contra la partida correspondiente. El error más habitual es no distinguir entre el presupuesto de la subcontrata en la oferta y el coste final con los extras. Si la subcontrata presenta extras no presupuestados, hay que decidir si se aceptan, se negocian o se rechazan. Y si se aceptan, hay que imputarlos a la partida correcta.

4. Costes indirectos de obra

Son los costes que no son directamente atribuibles a una partida concreta pero son necesarios para ejecutar la obra: alquiler de andamiaje, consumo de electricidad provisional, gestión de residuos, seguros de obra. La práctica habitual es prorratearlos entre todas las partidas en función del peso económico de cada una sobre el total de la obra.

El coste real de una partida = materiales + mano de obra directa + subcontrataciones + parte proporcional de costes indirectos. Si alguno de estos componentes no se incluye, el margen calculado es optimista.

Cómo estructurar el cálculo en la práctica

No hay que montar un sistema contable complejo para hacer esto correctamente. Con una herramienta de gestión de proyectos como Smartsheet, el proceso es:

  1. Cada partida del presupuesto tiene una fila en el sistema de seguimiento.
  2. Cada factura de material se imputa a la partida correspondiente cuando llega el albarán, no cuando llega la factura.
  3. Cada semana, el jefe de obra registra las horas dedicadas por el equipo propio a cada partida.
  4. Cada factura de subcontrata se imputa a su partida en el momento de la recepción.
  5. Al final del mes, se calcula la parte proporcional de costes indirectos y se distribuye entre partidas.

Con este proceso, en cualquier momento se puede ver cuánto ha costado realmente cada partida y compararlo con el presupuesto. Las desviaciones se detectan semanas antes de que sea tarde para actuar.

El error del "coste de contrato" vs "coste real"

Muchas constructoras calculan el coste de contrato —lo que va a costar según los precios acordados con proveedores— pero no el coste real acumulado día a día. La diferencia es que el coste de contrato es una proyección, mientras que el coste real es lo que ha pasado.

Para gestionar bien una obra, necesitas los dos: el coste de contrato como referencia y el coste real acumulado para comparar. Si el coste real acumulado en una partida va por delante de la ejecución física de esa partida, hay una desviación que requiere atención.

Automatizar el cálculo: de la teoría a la práctica

Todo lo anterior suena bien en teoría. En la práctica, el problema es que registrar costes toma tiempo, y si el proceso de registro es incómodo, no se hace de forma consistente.

La clave está en simplificar el registro al mínimo: una partida, un importe, un proveedor. Sin más campos obligatorios. El sistema hace el resto: imputa el coste, actualiza el total de la partida, compara con el presupuesto, calcula la desviación y genera la alerta si corresponde. Eso es posible con Smartsheet configurado correctamente.

¿Sabes exactamente cuánto te ha costado cada partida en tu última obra?

Si la respuesta es "más o menos" o "cuando cierre la contabilidad", tienes un problema de visibilidad. Cuéntanos cómo funciona tu control de costes y te decimos qué cambiaríamos.

Cuéntame tu situación